domingo, 5 de enero de 2020

López Obrador, el año después





Se cumple un año de la llegada al poder de AMLO después de dos elecciones fallidas, acusadas de fraude y con la esperanza sobre sus hombros de más de 30 millones de personas que votaron por el con el anhelo de vivir en un país mejor. 
         La conclusión de su primer año es un buen momento para hacer un corte de caja y analizar que se hizo bien y que fallo, y con esto, develar que nos espera el resto del sexenio con un presidente en el cual están depositadas tantas expectativas.
         Lo primero que hay que entender es que este primer año fue como un round de estudio en una pelea de box. AMLO empezó a pisar terreno y a hacer la transición de líder de oposición a jefe de Estado. El nuevo cargo le exige, entre otras cosas, un lenguaje más moderado. Es momento de ser más cauto. Ya no hay espacio para estridencias. Ahora hay escoger bien sus batallas, no es buen negocio abrir varios frentes a la vez. Las cosas a su debido tiempo.
         Pueda decir lo que quiera contra el neoliberalismo, pero ya no puede criticar tan libremente a la oligarquía que tanto ha señalado; ahora hay que sentarse a hablar con ella; no exhibirla públicamente. Es momento de un discurso más optimista. Hay que decir que el país no está quebrado, y la economía va a mejorar. Hay que mandar un mensaje esperanzador a todas las víctimas de la violencia. Qué el baño de sangre se va a acabar. “Abrazos no balazos”, suele decir el presidente.
La narrativa del tabasqueño ha cambiado, el mensaje ahora es de esperanza, de que la situación está bajo control, y de que el país va a cambiar. Los tiempos atroces e ignominiosos del PRIAN han terminado.
Por un lado, todo esto es entendible. Pero más allá de una conducta más ecuánime y prudente, los resultados tienen que empezar a notarse. Sus seguidores le pueden perdonar un discurso incongruente y un tanto desligado de su retórica original como líder opositor, pero los más de 30 millones que votaron por él, lo pusieron para que su llegada al poder se tradujera en mejores condiciones de vida, todo lo demás es lo de menos.
Lo cierto es que un año después, los resultados en los temas que más preocupan a los mexicanos -seguridad y economía- no han sido los deseados. Y esto no es debatible, las primeras cuentas en estos rubros son malos, y punto. El primer parcial de las materias más importantes no ha sido aprobado. El combate a la corrupción puede esperar, pero las necesidades basicas –comer y que no te maten- no.
El 2019 terminará como el peor año en materia de homicidios, feminicidos, robos a negocios, trata de personas y narcomenudeo. Y sin mencionar los hechos recientes de alto impacto como el cualiacanazo y la masacre de la familia Lebaron en Sonora. Si bien está violencia es heredada, le toca a él resolverla. Al menos en el primer año, es claro que no ha podido.
Si bien la política de “abrazos no balazos” que pregona el presidente no está dando resultados, la más reciente captura de Genaro García Luna, ex secretario de Seguridad Publica en el gobierno de Felipe Calderón (2006-12) parece darle cierta legitimidad ante los mexicanos. El ex funcionario fue atrapado por las autoridades norteamericanos acusado de narcotráfico. Pero bueno ese tema da para otro post.
El plano económico tampoco dista de ser muy diferente. La promesa del plan nacional de desarrollo (PND) 2019-2024 de crecer 6% al final del sexenio con un promedio anual del 4% se antoja muy difícil después de un primer año de nulo crecimiento.
En su más reciente Reporte Trimestral de Inflación, Banxico reportó su previsión de crecimiento para 2019 de un rango entre 0.2% y 0.7%. Para el año entrante también lo ajusto a la baja, de entre 1.5% y 2.5% a uno que va de 0.8 y 1.8%. Mientras que para 2021, a mitad de sexenio, el banco central estima una variación del PIB de entre 1.3% y 2.3%.
Según información de la revista proceso en su edición No.2248 la más reciente encuesta sobre las expectativas de los especialistas en economía del sector privado, elaborada por el banco de México (Banxico) y aplicada a 42 grupos de analistas y consultoría del sector privado nacional y extranjero, prevé que la economía crecerá un promedio de solamente 2% en los próximos diez años.
A pesar de que estas cifras son desalentadoras, hay señales positivas para nuestro porvenir económico. Destaco dos. El primero es la estabilidad del peso. Pese a toda la incertidumbre provocada por diversos factores, entre ellos la cancelación del nuevo aeropuerto y la renuncia del secretario de Hacienda, la moneda nacional cerró el 2019 por debajo de los 19 pesos frente al dólar (18.90). Lo que significa una apreciación de 3.86% en el primer año de López Obrador.
La segunda buena nueva es el nuevo aumento al salario mínimo en México. A partir del 2020 el salario mínimo pasará de 102.68 a 123.2 pesos diarios, lo que significa un aumento global del 20%, el mayor en términos reales en los últimos 44 años.
No podemos decir que no vimos cambios positivos en el primer año, pero aun así, se quedó corto en los rubros más importantes. El presidente puede seguir representando una gran esperanza para millones de ciudadanos que creyeron en el como la última opción que les quedaba para revitalizar la trágica situación del país. Pero no basta tener altos niveles de popularidad entre la población. El round de estudio ya terminó y ahora es tiempo de empezar a dar resultados que estén a la altura de las expectativas que despertó. Seis años para cambiar un país es poco tiempo, y más cuando la gente quiere ver resultados desde el primero.